DIZQUE SECUESTRADOS
por Eddy Natalia Rojas Rolón
Nadie preveía que el viaje de aproximadamente 10 horas se iba a convertir en una experiencia de algo mas del triple de esto. El campeonato finalizo y a las 4am del martes nos montamos al bus dispuestos a regresar a Medellín. Todos quedamos dormidos inmediatamente. Eramos aproximadamente 40 deportistas entre los 11 y los 20 años y habían unos 5 delegados ya mayores.
A las 8am hicimos nuestra primera parada. Una estación de gasolina de esas en medio de las montañas nos recibió por nos 20 minutos, tiempo después del cual continuamos la marcha. Hubo otra siesta, pero se vio frustrada por el calor. El bus disminuyó su velocidad, el conductor habló con alguien y nos desviaron de carretera: había un derrumbe. Poco nos importo porque íbamos en medio de una guerra de pepas de pomarroso o pomos, que fue seguida por pepas de mandarina, cáscaras de mandarina y finalmente mandarinas podridas.
Aproximadamente a las 12:50pm el bus frenó bruscamente, y se parqueó al lado de una casatienda de carretera y apagó sus motores. “ El paso está cerrado por enfrentamientos. Tenemos que esperar”, dijo Mario Aljure uno de los delegados. Yo no me sorprendí por que ya había estado en varios retenes en mis viajes por carretera, pero de inmediato las niñas menores empezaron a llorar y los hombres gritaron felices, pues estar en medio de balas es excitante para ellos. Descendimos del bus para esperar en un ambiente mas fresco. La cosa no estaba tan mala del todo: teníamos televisión, baño, agua y una tienda con productos viejos pero que saciaban el hambre.
Una hora, dos horas, tres y cuatro horas después no hubo el mas mínimo movimiento. No habíamos almorzado y las caras de preocupación eran cada vez mas notorias. Los niños menores destinaron su dinero a papitas, patacones y gaseosas; y los mas grandes lo destinaron a la compra de varias botellas de aguardiente. En medio del silencio y de una larga fila de automóviles, nació aquí otro juego: se lanzaba la botella hacia arriba y cada una con una piedra intentaba romperla en el aire. ¡Que tal el desocupe!
Sin darnos cuenta llegaron las 7pm, con el hambre acechando los militares trajeron una mala noticia: solo se daría paso hasta las 8am del miércoles. Dieron un poco de paso, pero era para llegar a un fortín militar y pasar la noche “seguros”. Antes de movernos, no se como, los delegados negociaron la cena mas pequeña pero mas valiosa de nuestras vidas: un huevo duro acompañado de media papa. Una vez estuvo calmado el estómago nos trasladamos al lugar indicado por los militares. Ahora si estabamos en la nada, solo monte, moscos, metrallas y gente igual de desesperada que nosotros.
Fue una noche larga, oscura, donde se oían los radios de los soldados, los grillos y bichos de nuestra naturales, los chistes malos de quienes ya estaban ebrios, los remilgos de la gente inconforme con su suerte; pero irónicamente no se oía nada, había un silencio de desconsuelo en cada uno de nosotros. Intentar dormir era en vano por que el calor era insoportable y el lugar bastante incomodo.
Los minutos eran mas que eternos; a partir de las 4am(24 horas después del inicio), esperábamos con ansias salir de allí a la hora pactada. 240 minutos de conteo culminaron con el calentamiento de motores y una presión hasta el fondo del acelerador. Era zona roja por lo que nos recomendaron mucha velocidad y pocas detenciones…pero la alegría nos duro muy poco, la guerrilla apareció y en cuestión de segundos quedamos atravesado en medio de la carretera, sonaba el desinfle de las llantas, veíamos como bajaban los equipajes de otros buses, como se robaban dos caballos de otro camión atravesado, y lo peor, como la gente armada nos miraba por las ventanas mientras su líder hablaba con un delegado. Otro anuncio, cada vez eran peores: “vamos a caminar”. Los afables guerrilleros nos permitieron sacar solo un maletín de mano, en el cual todos guardamos cosas de aseos, los papeles, una muda de ropa y nuestros amados y costosos trajes de baño.
Eran las 10am cuando iniciamos la caminata, rodeados de montañas, abismos, verde, verde, y verde. Mirar al frente era cruel porque no se veía nada, solo carretera y na’mas. Cada media hora de caminata tomábamos 15 minutos de descanso, tiempo en el cual disertábamos de nuestra suerte. Varios hijos de papi y mami se quejaban de haber tenido el dinero y no haber viajado en avión, una de las niñas se quejaba por estar con el periodo, las tres mas pequeñas ya no tenían lagrimas, los que había bebido llevaban en cima su resaca, una diabética sufría por su medicamento, y yo…yo me dedique a tranquilizarlos, al fin y al cabo era la única con experiencia en estos hechos.
Si caminamos 4 horas fue poco hasta que llegamos, hambrientos y deshidratados, a un estadero cerca de Cocorná. De allí logramos comunicarnos con la Liga de Natación de Antioquia, donde gestionaron todo y nos enviaron un bus. Durante el resto del viaje estabamos pendientes como perro en paseo de carro, a la mas mínima disminución de velocidad el corazón empezaba a palpitar fuerte. Finalmente llegamos a las instalaciones de la Liga a las 8pm, donde nos tenían una bienvenida digna de héroes; pero tanto el presidente de la Liga como los padres de familia cometieron un error garrafal: afirmaron que estuvimos secuestrados.